Creo que por mucho que nos empeñemos, no hay forma exacta de saber qué exactamente están aprendiendo nuestros alumnos. Lo primero, que no evaluamos, sino calificamos: en muchas ocasiones interpretamos las calificaciones (exámenes, pruebas, tareas, etc.) como la prueba de nuestro aprendizaje. Desde luego, en el papel se demuestra si el alumno es capaz de responder a lo que se pregunta, que al fin y al cabo es lo significativo que requieren las pruebas estándares, pero ¿y lo que no se pone en el papel? Eso no se puede saber.
La calificación como yo la he sufrido, atiende claramente a los contenidos y nunca al proceso que yo he seguido. Con el paso del tiempo en determinadas asignaturas, he llegado a temer la calificación de los exámenes, es decir, he llegado a dejar preguntas en blanco porque a la que estoy contestando no tengo la certeza de estar haciéndolo de la forma que al profesor le gusta, o bien porque ésta pregunta vale 4 puntos y la otra 1, dándole prioridad a la de 4. De ésta forma, consiguen que nos aburramos y nos centremos en repetir y repetir de la misma forma que nos explican en clase. En definitiva, perjudica el proceso de enseñanza-aprendizaje (documento de Paco Espadas) porque se espera una respuesta concreta del alumnado, y en parte, de eso va a depender su futuro.
Alternativas a la evaluación como la conocemos, como las rúbricas (evaluación por competencias) [Entrevista a Esther Mena] sirven de guía para el alumno, diciéndole qué se va a evaluar y en qué medida se va a calificar cada apartado de la rúbrica. El alumno va a saber con seguridad qué se va a evaluar. En gran medida, hace más sencillo el trabajo de revisar todas las partes puesto que están separadas. Pero personalmente, creo que si les decimos a los alumnos qué es lo que queremos, se molestarán en responder a eso precisamente para obtener la máxima calificación posible, dejando de lado su lado más creativo, porque si lo que importa es lo que se pide, ¿para qué la creatividad? seguimos en las mismas.
Demostrado está que la objetividad es muy difícil encontrarla, y puesto que los exámenes no son lo más objetivo que podríamos hacer, la evaluación incluyendo actividades, entrevistas, trabajos grupales, reflexiones, etc. es mucho más cercana y adaptada al alumno que a base de controles y exámenes calificados a partir de los contenidos. Teniendo en cuenta ésto, veo mejor un método de evaluación que se acerque al e-portafolios, porque entran en juego muchos más aspectos de la vida educativa de forma consistente como familia, grupos educativos, el entorno, y se valora la contribución de los alumnos en el proceso de su aprendizaje.
Nunca llueve a gusto de todos, y si por mí fuera, no habría calificación en la escuela por varios motivos, entre ellos que la calificación, como dije en mi anterior entrada, contribuye a hacer una selección del alumnado para clasificarlos posteriormente y que de ello dependa su futuro laboral. Por eso, creo firmemente que se deben valorar nuestras capacidades para mejorar a través de la evaluación. Pero eso no se consigue con un exámen.
Demostrado está que la objetividad es muy difícil encontrarla, y puesto que los exámenes no son lo más objetivo que podríamos hacer, la evaluación incluyendo actividades, entrevistas, trabajos grupales, reflexiones, etc. es mucho más cercana y adaptada al alumno que a base de controles y exámenes calificados a partir de los contenidos. Teniendo en cuenta ésto, veo mejor un método de evaluación que se acerque al e-portafolios, porque entran en juego muchos más aspectos de la vida educativa de forma consistente como familia, grupos educativos, el entorno, y se valora la contribución de los alumnos en el proceso de su aprendizaje.
Nunca llueve a gusto de todos, y si por mí fuera, no habría calificación en la escuela por varios motivos, entre ellos que la calificación, como dije en mi anterior entrada, contribuye a hacer una selección del alumnado para clasificarlos posteriormente y que de ello dependa su futuro laboral. Por eso, creo firmemente que se deben valorar nuestras capacidades para mejorar a través de la evaluación. Pero eso no se consigue con un exámen.
Buena reflexión, Isidro. Puesto que supongo que realmente crees todo lo que dices, empiezas a formar parte de ese numeroso grupo de maestros que tienen un problema serio que no pueden resolver a plena satisfacción, porque sabemos que no es pedagógicamente deseable pero tenemos que calificar. Tendrás que encontrar tu modo personal de hacerlo sin molestar demasiado a tu conciencia y sin perjudicar a tus alumnos y alumnas.
ResponderEliminarBien venido al club.